Viernes, comienza la misión a Tanguieta

Un viernes a las cuatro de la mañana: a esas horas en la oficina principal de Correos de Santander solo se suele encontrar a algún trasnochador perdido y poco más. Pero éste 28 de Abril hay un pequeño movimiento de gente que altera ligeramente el silencio de la madrugada: siete amigos unidos por una causa común se reúnen junto a los dos chóferes que les van a trasladar al inicio de una travesía, cuando menos, poco habitual. Detrás hay toda una gestión repleta de personas, organizaciones, conversaciones, llamadas, problemas y resoluciones que han hecho posible estos pequeños grandes gestos.

Después de unas breves presentaciones, ya que en ese momento conocimos  César, el marido de Miriam, y a Bea, la mujer de Huberto, que se acercaron para despedirse, salimos todavía con los nervios de la incertidumbre pensando si todo saldrá como esperamos.

Tras un viaje tranquilo llegamos al aeropuerto de Bilbao, donde también se une al grupo Eva,

que junto a sus padres y hermana nos estaban esperando. Ya estamos los 8 juntos cargados con más de 300 kilos de ayuda y toneladas de esperanza. Una vez en el avión y después de inevitables pequeños problemas y las consecuentes risas cuando los superamos, Miriam nos demuestra con mucho valor y alguna pastilla que el miedo a volar también se puede superar sin complicaciones.

Poco después de amanecer llegamos a Bruselas, y desde allí, casi sin darnos cuenta nos subimos al avión que después de más de 5000 kilómetros y 8 horas de viaje nos iba a llevar a Cotonou, previa escala en Abidjan. Es aquí en donde Huberto casi se baja antes de tiempo sin querer junto a un apuesto diplomático que, dicho sea de paso, protagonizó de la forma más natural un pequeño cortejo con Candy.

Son casi las 7 de la tarde y Benin nos recibe con una bonita puesta de sol y 30 grados envueltos de humedad. Después de pasar los controles y verificar que todo está en orden algo pasa con la coordinación que hace que el transporte al centro de Cotonou no llegue a la hora, es en ese momento cuando Luis decide quedarse con las tareas de consejero para ceder el liderazgo del grupo a Mati, más resuelta en manejar cuestiones de recursos humanos.

Cenamos en un bar cerca del estadio de fútbol, y allí mismo Luis comienza a dar rienda suelta a su vocación haciendo la primera atención clínica improvisada. Bromas y risas riegan nuestras primeras incursiones en la salud de los benineses.